10. El Señor es mi pastor

Tema publicado con la autorización de Nico Montero

El dolor, que es parte de la vida, nos golpea a veces con saña, dejándonos una huella profunda: el corazón arañado, los sueños hechos añicos, la soledad, el olvido… la vida que se escapa.

Pero, aunque el tiempo parezca tu enemigo y el miedo muerda la memoria, hay que asumir la propia historia sin rendirse, incluso con sus horas oscuras; reconciliarse con ellas y seguir caminando.

Toca entonces recordar «de Quién nos hemos fiado«: el único que nos conoce en lo profundo y sigue apostando por nosotros. Y experimentar su PROVIDENCIA, esa que -agotadas las fuerzas- aparece para hacer rebosar nuestra copa y nuestra esperanza.

Y reconocer en lo profundo, con la pasión del salmista, que «nada me falta«.

Susana Melero Leal

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