Un Paso desde el Gregoriano hasta Bach

En éste tiempo de Pascua («paso»), quiero comenzar mis publicaciones compartiendo con vosotros dos obras musicales:

1) la de la secuencia del Domingo de Pascua (y de toda su octava), Victimae Paschali Laudes (“Ofrezcan los cristianos”), sin duda una de las piezas gregorianas más importantes para este tiempo litúrgico.

La composición se atribuye a Wipo de Borgoña, un monje del siglo XI, aunque no se sabe con certeza quién fue su autor. Dado que es una secuencia, se canta (o se proclama) antes del Evangelio. Actualmente, encontramos cuatro secuencias, de las que dos son obligatorias: “Victimae Paschali laudes” para Pascua y “Veni sancte spiritu” para Pentecostés; y dos opcionales: “Lauda Sion” para el Corpus y “Stabat Mater” para el 15 de septiembre (memoria de la Virgen de los Dolores).

2) una obra de J. S. Bach compuesta sobre uno de los himnos más destacados del tiempo de Pascua de la liturgia luterana alemana, Christ lag in Todesbanden. La relación entre ambas composiciones es evidente: en la composición de Bach, tanto el texto (tomado de Lutero) como la melodía derivan de la secuencia gregoriana del siglo XI.

De Christ lag in Todesbanden, (“Cristo yacía amortajado”), quiero proponeros la escucha de dos versiones diferentes: primeramente, la del coral compuesto por Bach, en una versión a 4 voces acompañadas; y en segundo lugar, la de la pieza compuesta para órgano incluida en el “Orgelbüchlein” de Bach (traducido literalmente sería “libreta de órgano”), un conjunto de breves obras compuestas por Bach entre 1708 y 1714, cuya función principal es la de acompañar con música a diversas ocasiones religiosas. En esta versión sin texto se reconoce perfectamente la melodía del coral escuchada en la versión vocal, así como los parecidos que presenta la composición de Bach con el Victimae Paschali Laudes.

La Pascua “mantiene su melodía originaria” y resulta reconocible a lo largo de los siglos. Resuena siempre LA VIDA, aunque el ruido del mal nos impida a veces distinguirla. Escúchala en tu corazón. El destino del Resucitado es también el tuyo.

Adrián Regueiro García

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