Santa María: la mejor compañía en el Camino

Al iniciar el Camino nos ponemos en las manos de la Virgen María, ella será nuestra mejor compañera en los momentos de alegría y en los de dificultad. Como en la preciosa imagen del siglo XIV de la Iglesia Colegiata de Nuestra Señora de Roncesvalles, entraremos en diálogo con ella como el Niño que acoge maternal y juguetonamente en sus brazos. Como bien dice el Papa Francisco en su exhortación sobre la santidad: “La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: Dios te salve, María …”.

María nos enseña cómo cuidar la vida. Desde el primer momento de la concepción, María cuida la vida de su hijo: Lc 2,7; 2,44-45; 8,20. Así lo hace desde el nacimiento hasta la cruz. Con Jesús en sus brazos sabe que éste hijo le pertenece y no le pertenece, va aprendiendo día a día a ser libre de corazón. Durante el ministerio de su hijo está siempre pendiente de él, pero no se apropia de nada ni de nadie. Nos enseña a no amarrar nunca, a soltar siempre; acompañar, sin dominar ni invadir ni absorber. Así María crece y deja crecer la vida. Recibe y acompaña hasta el final.

Hoy día está muy extendida la cultura del acompañamiento. Es algo que presenta un gran valor, porque en la vida hemos de caminar con la gente, ser compañeros de viaje, escuchar sus preocupaciones, al estilo de María que lleva a los que le rodean a Jesús, siguiendo la misión que Él le dio en la Cruz.

Santa María de Roncesvalles. Ruega por nosotros.

Fernando Cordero Morales ss.cc.

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