San Pedro: una roca en el Camino

En el límite de las provincias de León y Palencia, nos encontramos con la iglesia parroquial de San Pedro de Terradillos de los Templarios. Es una construcción de adobe y ladrillo para no desentonar con las casas de su entorno. En su reducido interior destaca una imagen de Cristo Crucificado del siglo XIV. No importa ser de adobe cuando la edificación reposa en los cimientos de la fe y de la roca apostólica, experimentando que la Cruz nos lleva a la Vida.

En Pedro contemplamos los contrastes que se dan en nuestro itinerario como cristianos: nos adherimos al Señor y dudamos de Él; le confesamos como Mesías y le traicionamos; valientes por un lado y muertos de miedo por otro. La fe que Pedro anuncia nos ata a Cristo. Estar atados a Cristo es vivir liberados de las cadenas que no nos permiten adherirnos de corazón al Mesías. Estar ligados a Cristo nos hace romper las cadenas del miedo y de la esclavitud, de tantos enredos a los que nos ata nuestro propio egoísmo.

Cuando el Señor escucha a Pedro, le da una misión: “Tú eres Pedro, y sobre ésta piedra edificaré mi Iglesia”. Entre otras cosas le da la facultad de atar y desatar (cfr. Mt 16, 13-30). La fe que Pedro confiesa nos vincula a Cristo, a no poder vivir sin Él.

Quien está atado a Cristo, queda desatado de los vínculos que esclavizan y empañan nuestra dignidad de hijos de Dios. Creer en Jesús significa que Él nos conduce a la libertad y a la vida. Ahí radica el valor de las llaves, en que nos abren el camino que conduce a la puerta de la vida. Colaboremos con Pedro en la edificación de la Iglesia, de nuestra familia, de nuestro mundo.

Colaboremos con Pedro en llevar la Buena Noticia a todo el mundo. Colaboremos con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco, en construir un mundo más solidario y justo, anunciando a Jesucristo.

Átanos a Ti, Señor, para quedar liberados para siempre de lo que nos esclaviza y deshumaniza. Átanos a Ti, para descubrir la solidez de los cimientos de nuestra fe.

Fernando Cordero Morales ss.cc.

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