6. A la intemperie

Tema publicado con la autorización de Luis Guitarra

«No llevéis nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni dinero, ni dos mudas de ropa…» (Lc 9, 3-5)

Todos hemos nacido desnudos, inmersos en un mar de asombro y vulnerabilidad. Y el Creador, en cada uno de nosotros, ha visto que «era bueno» que fuese así. Sin embargo, el fardo de nuestra existencia se ha ido cargando de todo tipo de cosas conforme íbamos cumpliendo años.

Y en este mundo nuestro en el que no damos un paso sin un sinfín de garantías y seguridades, parece casi imposible abandonarse sin más a lo que el día nos depare. Así, sin previsiones, objetivos ni defensas.

Sin embargo, es muy difícil encontrar algo nuevo caminando por los viejos senderos. Incluso los que no son físicos: planteamientos, ideas preconcebidas…

Necesitamos crecer en Confianza; esa que se despliega cuando no tenemos asideros a los que aferrarnos o cuando ya no es firme la tierra que hay bajo nuestros pies. Sólo desde la Confianza dejamos que Dios escriba su plan en los renglones de nuestra historia.

Expuestos de nuevo a su mirada sabemos que no vamos solos, el sentido de lo que estamos viviendo se recobra y las fuerzas se renuevan.

Susana Melero Leal

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El Templo de las Estrellas

«Que mi oración sea como incienso para ti, mis manos alzadas, como ofrenda de la tarde» (Salmo 141, 2)

Así como el humo del incienso sube hacia lo más alto de las naves del templo, así también las oraciones de los peregrinos se alzan hacia el corazón de Dios. Y así como el aroma del incienso perfuma toda la basílica compostelana, de igual modo el cristiano, con el testimonio de su vida, impregna del buen olor de Cristo, el entorno en el que vive.

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