El Templo de las Estrellas

Que mi oración sea como incienso para ti, mis manos alzadas, como ofrenda de la tarde” (Salmo 141, 2)

Así como el humo del incienso sube hacia lo más alto de las naves del templo, así también las oraciones de los peregrinos se alzan hacia el corazón de Dios. Y así como el aroma del incienso perfuma toda la basílica compostelana, de igual modo el cristiano, con el testimonio de su vida, impregna del buen olor de Cristo, el entorno en el que vive.

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Los pasos del Camino

Material: bronce y hierro; localización: Praza da Quintana (Santiago de Compostela); autor: Francisco Porto

“Una historia que contar, un mensaje que transmitir”, es el objetivo de las  esculturas que realiza Francisco Porto. No es poco para una época en la que se privilegia el hoy, pues la historia es pasado y el mañana no lo podemos conocer; y los mensajes se simplifican hasta perder absolutamente el significado.

Los pies esculpidos en bronce se posan en una base cúbica de hierro en la que se puede leer la siguiente frase: Camino recto, camino erguido. Camino buscando un sentido. Camino porque tengo un objetivo. Caminaré hasta alcanzar mi destino.

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Pavana con su glosa de Cabezón

Antonio de Cabezón (Burgos, 1510 – Madrid,  1566). Pavana con glosa. 

Bajamos a Burgos para conocer a otro estandarte de la música renacentista española como fue Antonio de Cabezón. Quedó ciego desde niño, circunstancia adversa que no le impidió realizar una brillante carrera musical.  Se formó en Palencia hasta llegar a estar al servicio de la emperatriz Isabel de Portugal, siendo músico de cámara de Carlos V.

Gracias a ello pudo conocer Alemania, Países Bajos, Italia e Inglaterra lo que le permitió dejarse impregnar de los estilos de la época y dar a conocer su música gracias a la Corte que servía allá donde viajaba.

Siendo uno de los compositores para instrumentos de tecla en la Europa del s. XVI, os propongo una música que os situará dentro de palacio … Cerrad los ojos, parad para descansar de nuevo en vuestro camino y disfrutad de ésta Pavana con su glosa. Cabe recordar que una de la glosas más conocida fue escrita por Santa Teresa de Jesús en la que decía “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero, que muero porque no muero […] ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti para merecer ganarle?

Carlos J. Fernández Cobo

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