Santo Domingo: el rosario de la vida

Caminando por la Calle Real de Castrojeriz nos encontramos con la iglesia de Santo Domingo. Esta edificación es de estilo gótico y aunque sus bóvedas son del siglo XVIII, se hicieron con unos patrones antiguos. Anteriormente tenía un alfarje mudéjar que recubría sus techos. Este fue sustituido por el actual abovedamiento de piedra.

Lo mas bello que posee este templo es sin duda la portada de estilo gótico plateresco español.

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17. La verdad de nuestro andar

Tema publicado con la autorización de «Manolo Copé»

«… Y a donde yo voy ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí». (Jn 14, 1-6)

No siempre caminamos, aunque se muevan nuestros pies. Hay senderos amables, adecuados en apariencia pero que se truncan o terminan en un punto y no nos conducen a ninguna parte. Y otros laberínticos que se agotan al recorrerlos, porque tampoco tienen puerta de salida. A veces transitamos también vías rápidas, muy amplias donde no pisamos el suelo y el sentido del viaje se pierde … Porque caminar es avanzar, con conciencia de cada paso y con un horizonte claro al que dirigirnos.

Pero Jesús nos saca de las ensoñaciones y despistes con una rotundidad aplastante. No lo muestra o lo relativiza: Él es el Camino. Estar con Él y en Él es garantía de seguridad. No nos perdemos si vamos por Él.

Tampoco nos dice la verdad; Él es la Verdad. Y hace nuestra vida auténtica si está presente en ella. Haciendo nuestra ésta afirmación caminaremos en la verdad («Todo el que es de la verdad escucha mi voz» Jn 18, 37)

Susana Melero Leal

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El pin del «Pelegrín»

Obra: «Pelegrín»; autor: Luis Carballo; año Xacobeo, 1993

Me vas a permitir que, en esta ocasión, abra el baúl de la nostalgia. No tanto para nadar en el mundo de los recuerdos con la finalidad de entristecernos, sino como camino para reivindicar lo popular, lo que está al alcance de todo el mundo, y lo que constituye una anécdota con la que alimentar a los más jóvenes y recordar a los adultos que no hace mucho, teníamos su edad.

He leído que existe en Andorra un museo del pin. Automáticamente, nuestro cerebro asocia la palabra museo a lo que debe ser recordado y conservado, por su valor artístico, histórico, natural… Si has vivido la adolescencia y juventud en los años noventa del siglo pasado, recordarás el ansia por llenar los lapiceros, mochilas y cazadoras con pines, cuantos más mejor, y cuanto más difíciles de conseguir también. Eran las medallas-condecoraciones de la adolescencia.

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