San José: el humilde custodio

En pleno Camino de Santiago, en Rabanal nos encontramos con la ermita de San José y su precioso retablo mayor barroco. Es bonito dejarnos sorprender por san José.

Recordemos siempre su gran papel en el camino de Jesús para que se lleve a cabo el plan de Dios, a pesar de la oscuridad y de no entender del todo. Él cuidó amorosamente a María y se dedicó con alegría a la educación de Jesús. Hoy es un gran protector de la Iglesia, como nos recuerdan continuamente los papas, san Juan XXIII o el papa Francisco.

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San Blas: Acontecimiento de entrega

La pequeña ermita de San Blas fue construida en el siglo XVIII y posteriormente (en el XIX) se le incorporó un ábside semicircular neorománico. Se encuentra a la salida de la villa de Los Arcos (Navarra), en pleno Camino de Santiago en dirección a Viana. Parece que pudo pertenecer a un hospital de peregrinos. Es una ermita que conserva su humilde cabecera románica de tramo presbiterial rectangular y ábside de planta semicircular.

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Razón y fe en el Camino

En el Camino reflexionamos sobre el sentido de la vida, nuestros ideales, la fe. Alguien que se distinguió por unir la razón a la fe fue el gran santo Tomás de Aquino, a quienes sus jóvenes compañeros lo llamaban el “buey mudo”. Un día san Alberto Magno cogió sus apuntes, al leerlos, dijo a los estudiantes: “Vosotros lo llamáis el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero”.

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Una Iglesia que sirve

La Iglesia tiene como misión servir. Es Iglesia diaconal. Recordemos la función de los diáconos en el libro de los Hechos de los Apóstoles:

Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: “No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra”. Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármena y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.” (Hch 6, 1–6).

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