24. Anda, levántate y anda

No siempre avisa. El hastío sobreviene muchas veces cuando el cansancio o el peso de los  años terminan haciendo mella. El paso se para y la vida también. Adormecidos o paralizados, parece que todo lo recorrido y entregado valiese de poco,  incluso nos hace cuestionarnos si tuvo alguna vez algún sentido.

No sirven entonces las recetas o los buenos consejos; no se trata de enmiendas o paños calientes. Hay un tiempo para los cambios razonables y otro para nacer de nuevo. Con Él, algo muy simple pero que se nos olvida cuando la eficacia en nuestras vidas dio paso al peor de los orgullos.

«Estamos invitados a dejar atrás nuestro aferramiento al pasado, los viejos prejuicios que niegan a Dios la capacidad de intervenir en nuestra vida, irrumpiendo en nosotros con su novedad» (Dolores Aleixandre, «Escondido centro». Sal Terrae).

Para que cada día sea un nuevo amanecer

Susana Melero Leal

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