Acoger al que llega

Obra: Monumento al emigrante (Vigo); autor: Ramón Conde; año: 2011

En la variante marítima del camino portugués que pasa por Vigo, muy cerca de la Colegiata, se levanta sobre el mar la Estación Marítima, lugar desde el que miles de gallegos embarcaron hace años buscando una vida mejor. En el año 2011, el escultor Ramón Conde inaugura este conjunto escultórico para homenajear a todas estas personas.

Consta de tres piezas: el hombre que se aleja sin mirar atrás para embarcar, la mujer que se queda en tierra con la criatura en brazos y un grupo de personas indefinidas que hacen referencia a todos los demás… Cuando alguien se subía a un barco y se asomaba para despedirse, entre la multitud, distinguía a aquellos que le eran cercanos, los demás quedan en segundo plano; estos constituyen ese grupo de personas indefinidas.

Os comparto esta obra, ahora que comienza el Adviento, porque en vuestro camino hacia Santiago (o hacia donde peregrinéis en la vida), habréis sido acogidos en los albergues, en los pueblos por los que transcurre la ruta, en vuestros hogares al regresar… Sois muy conscientes de la importancia que tiene ese plato caliente en días fríos, el calor para secar la humedad de los días lluviosos, o el agua fresca en días soleados.

También es más fácil, una vez que te has echado al camino, diferenciar lo importante, lo esencial, de lo que solamente constituyen destellos de luz artificial. Por eso, el escultor, realiza sus figuras a tamaño real, un poco más grandes de lo habitual, pero sosteniendo sus miradas al mismo nivel del espectador. Esas figuras tienen que interpelarnos, ayudarnos a profundizar en el drama que supuso para estas personas, el emigrar; y en la tragedia que, aún hoy, sigue vigente en la vida de muchas personas.

El hecho de que la escultura pueda perderse en medio de una multitud, nos ayuda a comprender lo fácil que nos resulta olvidarnos de los pesares ajenos.

Ser un poco peregrinos en la vida, nos ayuda a preparar el corazón para acoger a los demás, a todos aquellos que viven situaciones inciertas, momentos de una dureza extrema…; y acoger, también, a Jesús, que quiere nacer de nuevo en nuestra vida y para que lo reconozcamos en cada una de las personas a las que abrimos la puerta.

¿Cómo llevas lo de ser acogido y acoger? ¿Qué destellos de luz artificial te deslumbran en el caminar?

Fátima Noya Varela

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